Sobre mi

nacha2019

"El Fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (...) Cuando miramos una foto de frente, los ojos repiten exactamente la posición y la visión del objetivo". Julio Cortázar, "Las Babas del diablo" en LAS ARMAS SECRETAS.

Un lente, un flash, una cámara fotográfica... forman parte del arsenal material (porque existe otro, digamos, intangible) con el que los fotógrafos contamos singulares historias. La materia prima: gestos, miradas, expresiones y momentos que nunca van a repetirse tal como sucedieron. Del otro arsenal, del intangible voy a dedicarme en estas líneas. Y, a pesar de ser inasible, tiene la posibilidad de cristalizarse. Hablo de las cualidades y calidades del fotógrafo y de los fragmentos de su historia personal, que se revelan en cada imagen capturada.

Desde mi primer cámara hasta acá, han pasado años de edad y de innovaciones tecnológicas. Desde muy chica supe que quería abrazar este OFICIO que, también, tiene algo de profesión. Aclaro por qué: cuando cumplí 15 años, pedí que me regalen una cámara fotográfica. Lo conseguí y, así, empecé mis primeras tomas. Luego, cuando terminé el secundario, tenía que decidir qué carrera universitaria seguir "si quería ser alguien en la vida". Así las cosas, después de haber pasado rauda y erróneamente por el ciclo de ingreso a la Univerdad, donde la fotografía no era, aún, una opción académica, decidí que este oficio o pasatiempo, como a algunos les gusta llamarlo, sería mi forma de vida. A fotografiar, se aprende fotografiando. Pero, más allá de la habitualidad de la práctica, fue requiriendo algún tipo de estudio formal y a ese universo me lancé para perfeccionarla o profesionalizarla: curso de fotografía básica y laboratorio blanco y negro; la Tecnicatura, en la Escuela de Fotografía Creativa de Andy Goldstein; Fotoperiodismo en la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina -ARGRA-; perfeccionamientos en Photoshop, iluminación; realización de eventos sociales, políticos, gremiales, empresariales, fotografía de niños, de productos, etc! Forman parte de mi experiencia y formación como fotógrafa.

Con este arsenal, miro al mundo de una forma particular. Y si algo tengo de narradora de historias, lo hago a través de mi lente. Historias que están ahí para ser vistas, narradas, captadas en su singularidad. Para las que solo falta un ojo observador, entrenado, apasionado y bien dispuesto a capturarla. Y eso es lo que más disfruto y lo que evoco en cada fotografía, donde el instante es ahí: el disparo que congela un momento de nuestra historia e inmortaliza lo capturado para siempre. Toma tras toma, disparo tras disparo, recojo, especialmente, un pedacito de historia única e irrepetible.

"El gesto revelador, la expresión que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen rígida destruye al seleccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible fracción esencial", tal como lo graficaba, maravillosamente, Julio Cortázar. Con los años y el avance de la tecnología, el oficio fotográfico se fue facilitando, pero no por eso fue perdiendo su valor significante. Pues, las fotografías valen al infinito, según las vistas a las que se expone. La apreciación nunca se agota y se activa o reactiva a cada mirada. Desde chica supe que el lente fotográfico seria mi lugar de percepción y experimentación del mundo. Que el oficio fotográfico encierra un don humano y sensible que permite experimentar una particular manera de conocer y de contar.